Las mejores historias de emprendedores salvadoreños

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Grandes proyectos dentro de las colmenas de Apiarios Primavera

“Yo no sé nada de abejas”, pensaba Alejandro Flores cada vez que uno de sus amigos cercanos le decía: “a usted le vienen bien unas colmenas en la finca que administra”. Él solo había trabajado con café y lo poco que sabía de las abejas era, precisamente, lo que su amigo le contaba sobre cosechar miel. De tanto que lo escuchó, en 2010 decidió adquirir sus primeras colmenas. Alejandro no se imaginó lo que iba a encontrar: en primer lugar, un camino un tanto complicado y, en segundo lugar, un producto bastante prometedor.

Este emprendedor quiso empezar su nuevo negocio en orden, así que fue a unas charlas técnicas impartidas por el CENTA (Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal) y, como buen alumno, todo lo que aprendía lo intentaba poner en práctica en su nuevo apiario. Pero la teoría no necesariamente es igual a la práctica y, al cabo de un año, había perdido el 50% de las colmenas. “Las abejas se nos iban”, recuerda, pero también asegura que con la asistencia técnica adecuada, lograron recuperarse.

Ya con cierto dominio del tema, la idea de Alejandro fue hacer un uso novedoso del apiario. Se concentró en la extracción de apitoxina, que es el veneno de las abejas, el cual se puede utilizar en provecho de la salud del ser humano. Acá encontró un nuevo impase: su idea era muy buena, pero en el país nadie conocía sobre esto. “No es alimento, ni tampoco medicamento en sus estado puro”, comenta, “por eso, nadie se animaba a darnos los permisos para su funcionamiento”.

 

Por fin, el Ministerio de Agricultura y Ganadería autorizó la planta de procesamiento de apitoxina y pudieron comenzar a producir. Saldado este punto, se encontraron con un reto más a superar: su potencial cliente quería comprarles el producto a precios muy bajos. A Alejandro esto no le pareció justo y decidió no hacer negocios por esa vía; así que, tomó impulso para ver de qué manera ellos mismos podían procesar su producto.

Entonces arrancaron con nuevas actividades. Con la crianza de abejas que ya tenían, comenzaron a producir miel, cera, propóleos, jalea real, polen y apitoxinas, que es la base de sus creaciones: ellos hacen, cremas de manos con la miel; jabones de cera, miel y propóleos, que sirve como hidratante, anticéptico y regenerador de la piel; tienen el ungüento de apitoxinas, indicado para traumatismos y dolores artríticos; gotas de propóleo, que activan y fortalecen el sistema inmunológico, bálsamo labial, entre otros.

“Nuestros productos están elaborados con miel, jalea real, miel con eucalipto, miel con cruda…”, explica Alejandro, “además, todos están libres de parabenos y de cualquier preservante”.

Con todas estas creaciones, el negocio de Alejandro se comenzó a formalizar y buscaron un nombre para que su público los identificara. Decidieron llamarlo Apiarios Primavera, el cual hace referencia al lugar donde están ubicados (que se llama Primavera) y, al nombrarlo en plural, se están proyectando a tener varios apiarios en un mismo sitio.

“Desde que iniciamos, nos hemos dado cuenta de que emprender no es nada fácil”, comenta este Alejandro Flores, “te das cuenta de que necesitas recursos financieros y tienes que mover cielo y tierra para encontrarlos”. A esto, le agrega la dificultad de que nadie conocía la apitoxina en El Salvador y, al mencionar las palabras “veneno de abejas”, la primera reacción de sus interlocutores era de terror.

Ahora que ya se están posicionando, la aspiración es seguir creciendo a través de la buena calidad de sus productos y, por supuesto, del reconocimiento de sus clientes.