Las mejores historias de emprendedores salvadoreños

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EME JOTA, los accesorios que no deben faltar

A veces las buenas ideas nacen de impulsos muy personales. María José de Alvarenga siempre pensó que los accesorios son algo que no deben faltar en el atuendo de una persona. “Es nuestro complemento perfecto”, opina. Así que un día fue a una tienda de materiales de bisutería a comprar y a aprender a hacer collares.

Una vez hechas sus primeras creaciones, vio el espacio de comercializarlas, de manera informal, sin haber creado una marca. “Se los dábamos a personas que los lograban vender en Call Centers o diferentes empresas”, recuerda María José. Cuando comenzó a ver buenos resultados, decidió ponerle un nombre a su trabajo y comenzar a promover los productos en tiendas locales.

El nombre de esta empresa nació, precisamente, de las iniciales de su nombre: Eme Jota. Ella quería plasmarlo de una forma diferente y decidió hacerlo de esta manera, para darle un toque personal. Una vez solventó este punto, buscó apoyo en páginas para emprendedores con quienes buscar un crecimiento juntos, como una gran comunidad.

Con estos adelantos, ella y su esposo, Miguel Alvarenga, decidieron ordenar la economía del negocio, pues se dieron cuenta de que ese punto era fundamental para crecer. Si alguna vez tuvieron alguna dificultad al respecto, ellos lo tomaron como grandes lecciones bien aprendidas para no volver caer en los mismos errores y seguir adelante.

Ahora que la empresa se hizo más formal, la pareja le puso empeño a producir más accesorios, los cuales elaboraban ellos mismos. Mejoraron las ideas de los que habían creado hasta el momento y le agregaron más creatividad a las combinaciones de colores y materiales. Es más, si tienen pedidos, tratan de trabajarlos juntos para poder salir a tiempo y no fallarle nunca a sus clientes.

Lo que come comenzó con collares de hilo encerado, acrílico y mostacilla, se convirtió en todo un catálogo de productos a los que se sumaron aritos en tassel, de mostacilla, pulseras con distintos significados, entre otros.

La meta, a corto plazo, es que dicho catálogo crezca para abrir oportunidades con más clientes. Si esto prospera como ellos se lo han propuesto, María José estima que dentro de poco pueden hacer realidad el proyecto de tener un local propio. Por el momento se están enfocando en tener una gama más extensa de producto para poder posicionarlos en tiendas locales y de moda.

“Todas estas metas son las que nos hacen crecer”, asegura María José, mientras comenta uno de sus sueños más ambiciosos: tener un taller propio que le de la capacidad de expandir sus creaciones en todo El Salvador y también internacionalmente.

El mejor consejo que esta emprendedora comparte es:

“Hay que echarle ganas, atreverse a inventar y experimentar, solo así conocemos nuestro talento. Y si en algún momento sentís que algo no va bien, sentarse a pensar en qué se está fallando, el principio no es fácil.”